Lomas de Asia
Asia se precia en tener unas ocho mil hectáreas de lomas que
se elevan hasta los 400 metros sobre el nivel del mar, en las que abundan
amancaes, mala mujer, tabaco, ortiga, chave, malva, oreganillo, manzanilla,
hierbablanca, sanjuanito, bolsilla, papa cimarrona, yuquilla, mitos, taras y
guarangos. Todo un banco genético de vida silvestre, e incluso la flor de
piedra y líquenes que sólo existen donde el aire es puro.
Es a partir del mes de mayo cuando la neblina se arrastra al
suelo por efectos de la corriente fría de Humboldt y la humedad se condensa
entre las piedras, cactus y hasta las telas de araña actúan como
atrapaneblinas. Entonces la vida brota de la tierra y empieza la temporada de
lomas, así llegan los zorros, lagartijas, lechuzas, chirotes, tórtolas,
aguiluchos, cernícalos, pamperitos y el turtupilín. En otros tiempos se
avistaban venados y vizcachas. Pero en las lomas también hay pequeños ojos de
agua, en el lado norte se encuentran “Puquio salado”, “Hierbabuena” y “El
Sauce”; y en el sector sur son conocidos como “Gonzalío” y “Puquio viejo”.
Las lomas al norte del valle reciben nombres como
Casablanca, Calero, Hierbabuena, El Sauce, Perico, Casagrande, El Tarito,
Pacay. Las lomas al sur se conocen como Quilmaná, Pacay, Lúcumo, Cayará,
Ancapuquio, Páchika, Guaranguito. Se podría decir que las lomas de Asia son una
de las pocas sobrevivientes de la costa peruana, pues en los últimos 500 años
han desparecido un millón de hectáreas de lomas por el sobrepastoreo, la
extracción de árboles para leña, la explotación de minerales y el abandono a su
suerte.
La Comunidad de Asia es la heredera de las lomas, y si
decide administrarla como Área de Conservación Privada no sólo sería la primera
en toda la costa del Perú, sino que sus beneficios económicos serían enormes
por la demanda del mercado de taras y lúcumas, además de la generación de
puestos de trabajo y de los servicios ambientales que significa reforestar y
abrir un circuito ecoturístico, tal como lo plantean las voluntarias del Cuerpo
de Paz y que la Municipalidad de Asia tiene a bien apoyar la iniciativa de
manera sostenible.
Puquio Salado
Antes de llegar a las lomas de Casablanca -desde Santa Rosa-
se pasa primero por Puquio Salado, un ojo de agua dulce en pleno desierto al
norte del valle que hasta mediados del siglo pasado abastecía a los habitantes
de Santa Rosa, El Platanal, La Isla y Capilla de Asia.
De aquellos años son muy pocos los habitantes que recuerdan
las hazañas de conseguir agua dulce en este valle seco. La señora Francisca
Ramos Quispe, con 72 años de edad, de niña, ella arreaba su burrito cargado de
porongos en busca de la única fuente de supervivencia y lo repetía
incansablemente todos los días del año. Después se perforaron el subsuelo y
elevaron chorros de agua mediante motores de bombeo. Entonces, Puquio Salado
pasó al olvido.

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